HISTORIA



El vocablo Coyoacán es el resultado de una serie de transformaciones que en su escritura y pronunciación sufrió la palabra nahúatl Coyohuacán, de cuyo significado se tienen varias acepciones, entre las que destacan:

Manuel Orozco y Berra, historiador: Coyote Flaco
Manuel Delgado i Mora, historiador local: Lugar de los pozos de agua
José Ignacio Borunda, fraile historiador: Territorio de agua del adive o coyote
La versión más aceptada es la que lo define como: lugar de los que tienen o poseen coyotes, basada en la explicación del topónimo original, que se compune de tres voces nahuas:
coyotl, coyote; hua, posesión y can, lugar.
Esta ultima definición es apoyada por historiadores de la talla de Cecilio Robelo, Manuel Rivera y Cambas y Antonio Peñafiel, y aceptada por el cronista de Coyoacán Luis Everaert, quien afirma en su texto "Coyoacán a Vuela-pluma" que: "siguiendo a León-Portilla, se justificaría la intromisión del coyote en el topónimo si se considera que, aparentemente, Coyoacán estaba consagrada a una de las más importantes deidades del pantón mexica, Tezcatlipoca (Espejo Humeante), cuyo nagual, era precisamente, ese cánido depredador".

Bernardino de Sahagún contaba que "hay en estas tierras un animal que se dice coyotl, al cual algunos de los españoles le llaman zorro, y otros le llaman lobo, y según sus propiedades a mi ver no es lobo ni zorro, sino animal propio de esta tierra, es muy belloso, de larga lana; tiene la cola gruesa y muy lamida; las orejas pequeñas y agudas, el hocico largo".

Alberto Pulido, en "Coyoacán Historia y Leyenda", asegura que desde tiempos inmemoriales" el coyote fue el factor más importante en la ecología del Valle de México hasta el siglo XIX, por su destreza en combatir los roedores dañinos: ratones, tuzas y sabandijas de toda especie".